Tecnologías de convergencia, construyendo el futuro
La biotecnología, con su enorme capacidad de utilizar seres vivos o partes de seres vivos para dar respuestas a las crecientes necesidades socioeconómicas en el campo de la salud, la alimentación, la energía y el medio ambiente, confluye e impulsa el desarrollo de las tecnologías de convergencia: las NBIC (nanotecnología, biotecnología, informática y cognotecnología).
Cada una de estas tecnologías, por sí misma, revoluciona los mercados. Pero éstas se intersectan en campos comunes, donde las innovaciones en una de ellas potencian a las de las otras, creando un avance exponencial donde lo otrora imposible comienza a ser factible.
Las iniciales de sus unidades elementales de funcionamiento, el Bit en la informática, el Átomo en la nanotecnología, la Neurona en la cognotecnología y el Gen en la biotecnología, conforman la palabra BANG.
Este small bang en el hombre, multiplicado por los 7.200 millones de habitantes existentes en la tierra, se constituirá, a partir de la comprensión de cómo se genera el pensamiento en el circuito neuronal, en la gran explosión del conocimiento del siglo XXI. Una revolución tecnológica, económica y social que desplaza el límite entre lo posible y lo imposible.
¿Qué significa todo esto en términos de negocio?
Las tecnologías de convergencia se encuentran en la agenda de las grandes empresas transnacionales a medida que, en el tablero del ajedrez económico, el juego se desplaza de la estrategia centrada en las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) hacia una más amplia centrada en la Bio-Info-Nano.
Estas tecnologías están permitiendo el desarrollo de innovaciones revolucionarias en el campo de la salud (como nuevos tratamientos contra el cáncer), la informática (microchips ultraveloces), la energía (como los biocombustibles) y muchas otras.
En el año 2006, según The European Association for Bioindustries había 2.163 empresas biotecnológicas en Europa y 1.991 en los Estados Unidos. En total, ocupaban a 286.500 personas, de las cuales entre el 42 y el 44 por ciento trabajaban en investigación y desarrollo.
En la Argentina, existen más de 100 compañías de productos y servicios biotecnológicos. Abarcan desde la producción de terneros clonados, biodiésel, semillas transgénicas, vacunas, inoculantes, biofertilizantes y productos farmacéuticos hasta la criopreservación celular y embrionaria, el diagnóstico genético preimplantatorio y la biorremediación de efluentes.
Según un estudio de la National Venture Capital Association y PricewaterhouseCoopers, en 2006, el sector de ciencias de la vida de Silicon Valley atrajo inversiones de riesgo por 7.200 millones de dólares. El clásico favorito de los venture capitalists, el software, no superó los 5.000 millones (de los cuales las puntocom captaron el 80 por ciento).
Durante los años de la era industrial, lejos se estaba de predecir la situación que comienza a vislumbrarse en los primeros años del siglo XXI. Hoy, la humanidad necesita utilizar toda su capacidad para pensar en cómo mantener, en forma armónica, la vida sobre la Tierra.
Así, se abren oportunidades de generar miles de pequeñas y medianas empresas de base científico-tecnológica. Sobre ellas, recaerá la obligación de dar respuestas originales a las crecientes demandas de las necesidades humanas básicas y a la problemática del siglo.
Todo esto es lo que nos proponemos debatir en este foro.
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