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La Competencia en la carrera profesional
La carrera profesional no es una competencia con otros, sino con uno mismo. Es un desafío autoimpuesto: Hasta qué punto puedo desarrollar mis capacidades e inclinaciones. Imagínense, por ejemplo, a Pablo Picasso que siendo rico y tremendamente famoso seguía produciendo, ¿con quién competía? ¿qué lo llevaba a seguir produciendo arte? Competir con algún otro es ilusorio, fugaz y potencialmente patológico como se muestra la relación entre Mozart y Salieri en Amadeus (Forman, 1984). Algunos recordarán el diálogo entre Salieri, viejo e internado en el hospital psiquiátrico, con el sacerdote que viene a confesarlo. Toda la película es el relato de su impotencia ante la brillantez de Mozart. Competir con otros no tiene mucho sentido porque, en primer lugar, largamos en momentos distintos. Los viejos comparan a Maradona con Alfredo Di Stéfano. La comparación misma es imposible, don Alfredo colgó los botines en 1966, cuando Diego aún no tenía seis años de edad. Cuando el hijo de mi amigo Juan crea su empresa de software, Bill Gates ya es mega millonario y su empresa es un Godzilla en el mercado. Es muy difícil y frustrante competir con los que largaron antes, mucho mejor es que nos ayuden, aprender de ellos para llegar mejor o más lejos. ¿Oyeron hablar de los mentores y los programas de “mentoring” de las empresas? En segundo lugar, todos queremos lo mismo: triunfar. Pero el sentido del triunfo en lo laboral es distinto. Para unos el éxito es tener mucho dinero, otros quieren que el trabajo los lleve a recorrer el mundo, está el que quiere escribir el nuevo Cien Años de Soledad y también la que quiere bajar las tasas de mortalidad infantil en Moreno. Están los que quieren muchas cosas a la vez, ¿qué quería Stieg Larsson de su carrera? La variedad en los fines es un segundo argumento contra la competencia. Costa Gravas en su película La Corporación (Le couperet, 2005) exaspera el argumento hasta la truculencia. En un escorzo al estilo de Almodóvar el ejecutivo muta en “serial killer”. No es para tanto... |
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Muy buena reflexión, Gustavo.
Comparto en que la competencia es primero con uno mismo (con su historia, miedos, anhelos, necesidades). Pero esta es la parte del iceberg que está por debajo del agua. Debido a que interactuamos con otros, en un entorno en donde cada uno (con su motivación) está compitiendo consigo mismo, las realidades conviven en un mismo espacio y tiempo que (mayormente) generan un roce: la manifestación externa (ficticia?) de la competencia. Para ejemplificar, me vienen a la mente (sin saber mucho al respecto) las carreras de formula 1: están los que quieren llegar en primera posición siempre, los que "especulan" con el mejor tiempo, y los que se conforman con hacer una buena carrera (sin matarse!). Cada uno con su motivación, producto de sus vivencias, pero en un momento coinciden todas en un tiempo y lugar, y ahí se desata la "competencia externa", casi descarnada. ¿Por qué los corredores no realizan las vueltas individualmente y gana el que más rapido lo haya hecho?... no sería práctico? (el tiempo es escaso), no sería atractivo como evento? (no hay sponsors, no hay dinero), o realmente el atractivo no es el fin sino el trayecto? Comparto en que la competencia es interna, pero en un mundo en donde aparenta escasear todo (tiempo, dinero, fama...), quien no tiene realmente en claro cual es su objetivo en la vida, terminará en una guerra competitiva que no tendrá sentido (hay un ejercio para determinar esta razón, a través de preguntarse ¿PARA QUE?. No se si es inconveniente para este foro, pero tengo un articulito que explica la herramienta, para quien le interese: http://www.accionsur.org/pics/AS%20%...aqueidismo.pdf) abrazo |
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Hola, Diego: Muy buen comentario y muy bueno también tu artículo. Compro ya la pregunta por el PARA QUÉ en lugar del POR QUÉ. Expresa por la positiva, por el crecimiento, y de esto tratamos cuando hablamos de carreras, de lo que queremos lograr de nosotros mismos.
Tomo también el último párrafo de tu comentario "quien no tiene realmente claro cuáles son sos objetivos en la vida, terminará en una guerra competitiva que no tendrá sentido". Muy bien expresado en palabras sencillas y contundentes. Cuando una empresa no tiene estrategia, vive pendiente de los competidores, lo mismo nos pasa a nosotros. Cuando no tenemos un plan de carrera vivimos compitiendo y condenados al fracaso ya que siempre habrá alguien que gane más dinero o que tenga mayor dotación a cargo que uno. Yendo a la escasez, es una categoría asociada a los bienes materiales, los bienes culturales y sicológicos escapan de este paradigma. Si te doy una moneda pasa a ser tuya y deja de ser mía, pero si te explico el teorema de Pitágoras, vos lo aprendés y no pierdo ese conocimiento. Si estoy feliz puedo alegrarte sin entristecerme. Los bienes culturales y los sicológicos son sinérgicos. El bienestar sicológico de quien se siente realizado profesionalmente no quita, sino que genera bienestar en otros. Lamentablemente, la frustración también se contagia, por eso, cuidar tu carrera es tanto tu responsabilidad como un deber solidario. |
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Gracias Gustavo. Estoy de acuerdo que muchas veces (para no decir "siempre") se parte del supuesto del recurso escaso.
Cuán bien nos haría encarar nuestras acciones sobre la base de la abundancia! En negociación se llama "ganar - ganar". Lo cierto que, culturalmente, fuimos aprendiendo a tomar decisiones en base a la escasez: dinero, alimento, salud, oportunidades. Pero comparto que es lo mismo que tomar decisiones en base al "miedo", generando acciones que no necesariamente serán las mejores para nosotros y los otros. Cuanto tenemos que aprender de los bienes sicológicos y culturales!. Cómo podríamos hallar un pralelismo entre estos conceptos y, por ejemplo, realidades que evidencian escasez? Cuan distinto nos comportaríamos si en lugar de decir "no hay alimento para todos", encaráramos el problema como "hay nutrición para todos: trabajemos en una mejor asignación". La cabeza cambia, y tenemos que darnos cuenta que el viejo paradigma del pesimismo y escasez no nos lleva a ninguna parte. Al dorso de mi tarjeta personal puse la frase de Einstein "Locura, es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes". Estamos en clima de Bicentenario. Retomemos el viejo enfoque de nuestros antepasados, incluso escritos e el Preámbulo de la Constitución Nacional. Nada político, sino asociado a la esencia de este tema: por qué en lugar de competir, mejor colaboramos. Un abrazo, |
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Es una ironía o una constatación? A mí me fue dado ver gente que competía con otros. Casi como Salieri con Mozart. No disfrutan sus logros sino los fracasos de su competidor. Viven mal, como en una maratón, ven las nucas de los que los que tienen delante, pero no las caras de los que vienen detrás.
Los casos más exitosos de carrera que conozco son de gente centrada en sus deseos, necesidades y logros, no en los de otros. La vieja definición de la estrategia militar estaba centrada en el "otro", es la que dice que el fin de la estrategia es anular la voluntad de combate del enemigo. La definición actual está centrada en "uno mismo", es la que postula que el fin de la estrategia es aumentar contínuamente nuestro margen de libertad de acción. Algo bastante en consonancia con lo que escribe Diego en su artículo sobre estrategia. |
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Así es Federico, hay que estar centrado en uno, no hacerlo tiene un costo alto, como en el caso del ejecutivo que contás.
Además del Salieri de Forman como ejemplo de quien arruina su vida por la competencia, está el guitarrista que protagoniza Sean Penn en la película de Woody Allen llamada Dulce y Melancólico (Sweet and lowdown, 1999). En términos lacanianos quedan presos de la mirada del otro. Para Hegel, ya que lo citás, la competencia sería asimilable a la primera fase de la dialéctica del amo y del esclavo. El amo se afirma venciendo al esclavo, pero luego éste se afirma en el trabajo, donde "compite" con la naturaleza y humaniza al mundo. Con nuestro trabajo humanizamos al mundo y nos "mundizamos" nosotros. Haciendo carrera entramos en una dialéctica con el mundo mediatizado por con nuestra profesión u oficio. Hacemos crecer nuestra profesión y nos "profesionalizamos" nosotros. Don Jorge Guillermo Federico tenía todo claro. |
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Jeje! Así es, lo tenía claro Jorge Guillermo Federico. Aunque también tengo entendido que sufrió una gran frustración en los comienzos de su carrera. En algún lado he leído que se sentía frustrado porque él aún no había escrito ningún texto exitoso, mientras que su compañero de habitación Schelling ya era prácticamente un gurú de la filosofía :-)
Y Hegel recién empezó a cobrar notoriedad después de los 40 años. Y después, el que sufrió una situación algo parecida fue el gran Arthur Schopenhauer que detestaba a Hegel tanto a nivel académico como personal. Esto fue en el tiempo en que Hegel ya era una luminaria. Y Schopenhauer colocó intencionalmente sus clases en la universidad de Berlin en los mismos días y horarios en que daba clases Hegel. Previsiblemente, la gente asistia a las clases de Hegel y Schopenhauer terminaba dando una conferencia para sólo 5 personas. Aunque, ahora que lo pienso, a mí no me hubiera molestado tener una clase casi particular con Schopenhauer. De hecho, yo habría sido una de esas 5 personas. A veces me pregunto cuántos de estos grandes dilemas filosóficos (y también de otras disciplinas) tuvieron origen (o, al menos, algo de influencia) en ciertas rencillas personales motivadas por la competencia, la frustración y la envidia. |
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Hegel también nos puede ayudar a pensar que la carrera no es un contínuo crecimiento, no es una evolución pura y geométrica. Al contrario, suele estar marcada por sobresaltos, marchas forzadas, detenciones y hasta retrocesos. Las carreras son dialécticas en las que el proyecto personal (idea) se desarrolla en el mercado laboral (naturaleza).
Es cierto que Hegel se sentía muy frustrado a los 40 y hasta que vivía con Schelling una relación parecida a la de Salieri con Mozart. Lamentablemente le tocaba a Hegel el papel del envidioso. Pero tamién Schelling lo ayudó, como Niethamer y Hölderlin. Podriamos, más adelante, repasar la vida de Hegel para ver el tema de vocación / anclas de carrera, los tiempos del desarrollo y el rol de los mentores. Es una buena idea. Por ahora posteo otro ejemplo de carrera más cercana en tiempo, espacio y estatura, la de Gabriel Rolón. |
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