Empresas de Real Estate
Lanzar un foro de real estate management en MateriaBiz puede ser algo complicado. La principal razón por la cual ello es así es porque simplemente no hay compañías de real estate en Argentina (admito que estoy exagerando un poco, pero lo hago para transmitir el concepto con simplicidad). En efecto, hay muchas empresas que arman y luego gerencian proyectos, y naturalmente hay miles de empresas que les prestan servicios al sector o venden bienes. Obviamente también hay grandes compañías proveedoras de la construcción: hay empresas constructoras importantes, hay inmobiliarias de porte y hay millones de profesionales que hacen desde el proyecto hasta la administración y la dirección de las obras.
Es decir, hay muchas empresas que viven de un sector que es enorme y tremendamente dinámico. Esto último no es un dato menor: en un contexto político complicado como el actual, con alta incertidumbre, alta inflación, sin inversión extranjera y sin financiamiento para proyectos locales a tasas lógicas, el mercado inmobiliario sigue generando inversión genuina en Argentina a todo vapor. De hecho hay miles emprendimientos, y consecuentemente, millones de dólares de ahorros genuinos se transforman día a día en ladrillos. Y los que hacen que eso sea posible son los propios argentinos (no hay fondos de inversión ni capitales de afuera). Son los mismos argentinos que diariamente se quejan, protestan y descreen de la inversión en nuestro país.
Lo cierto es que el nivel de actividad del sector sigue siendo récord, después de alguna turbulencia que vivimos el año pasado, y los precios de las propiedades continúan en ascenso a contramano de lo que sucede en los países desarrollados y en casi todo el mundo. Por ello resulta paradójico no solo el fenómeno económico como tal, motorizado por miles de pequeños ahorristas, sino también que las organizaciones que están llevando adelante los proyectos, es decir los vehículos que reciben el capital, no sean compañías en el verdadero sentido de la palabra.
Contra lo que dicen los manuales y contra lo que marca el sentido común, en nuestro país un fideicomiso inmobiliario al costo es algo creíble y confiable, aunque no sea una compañía. En realidad, en esencia un fideicomiso no es de nadie. De hecho, nadie es responsable de lo que se está vendiendo ni de lo que se entregará. Además no se sabe cuánto costará cada unidad vendida dado que la gente pagará lo que cueste su departamento según la liquidación que le mandará oportunamente el arquitecto, sin ningún control independiente ni auditoria alguna. Y aun así, los fideicomisos al costo son confiables para lo argentinos. Concretamente la gente les cree mucho más que a los grandes bancos a la hora invertir sus ahorros.
Y lo más notables es que lo que está en juego no son monedas. Son decenas o quizás centenas de miles de dólares. Incluso buena parte de esa plata no está declarada, y en consecuencia no se firman recibos, no hay constancias de nada, y en general ni siquiera hay una historia de confianza entre las partes: muchos de estos fideicomisos captan compradores por avisos en los diarios, o a través de inmobiliarias que se encargan de vender, de cobrar su comisión, y luego desaparecen de la película.
A partir de ahí, por un par de años, comprador y desarrollador conviven, cobran, pagan, rinden cuentas, se conocen, se pelean y se reconcilian como pueden. Y aunque parezca difícil de creer, la realidad es que no hay empresas inmobiliarias que aborden este tema con seriedad y profesionalismo, como corresponde. Hay simples gerenciadores de proyectos y de obras (de nuevo, exagerando, dado que hay honrosas excepciones).
Algunos sostienen que la gente hoy y aquí prefiere esto: el cara a cara, el modelo a cara de perro, y no las estructuras formales, los controles de las grandes auditoras internacionales en las que pocos creen, el respaldo de los grandes bancos que siempre ganan a costa de sus clientes, los grandes CEOs que a juicio de muchos trabajan para ellos y no para sus accionistas, o las bolsas de valores, que para el argentino tipo son el reino de la especulación y la timba. Es paradójico pero es así. Es paradójico pero esa informalidad motoriza miles de millones de dólares de ahorros argentinos de largo plazo.
¿Por qué será? Así abrimos este foro, con una pregunta y no con respuestas. En el tiempo iré bosquejando mis propias respuestas, que serán naturalmente hipótesis de trabajo a debatir, nunca dogmas indiscutibles.
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