Es la historia tantas veces repetida. Alguien funda una empresa exitosísima. Llegado a un punto, el fundador se da cuenta de que carece de las habilidades necesarias para consolidar el crecimiento. Al fin y al cabo, el empuje emprendedor quizá no sea la capacidad indicada para dirigir una gran corporación donde los procesos empiezan a burocratizarse.
Así, el gran fundador deja la compañía en manos de un CEO profesional, posiblemente formado en alguna escuela de negocios top. Pero las cosas no van bien. Mientras el fundador se dedica a viajar por el mundo, las ventas se estancan.
Preocupado, el fundador regresa a la oficina y anuncia al CEO: "Gracias por los servicios prestados. Volveré a tomar el mando".
Esta es, resumidamente, la carrera empresarial de
Michael Dell. Tras fundar una mega corporación y convertirse en el primer fabricante mundial de computadoras, Dell dejó su negocio en manos de Kevin Rollins, un experto manager para que llevara a la empresa a la siguiente etapa de su crecimiento. A fines del 2006, con la empresa de capa caída, el fundador anunció su regreso como CEO.
¿Cuáles son las perspectivas? ¿Podrá Dell recuperar el ímpetu imparable que caracterizó a su empresa?
Estas son las preguntas que intenta responder el experto en capital humano, Peter Capelli, en un
artículo de
Wharton Business School.
Al momento de su regreso, Dell confesó estar decepcionado por la insoportable
burocratización en que cayó su empresa. Precisamente, señala el experto de Wharton, su gran éxito se había basado en el dinamismo para fabricar computadoras personalizadas y a bajísimo costo. El secreto del éxito: un manejo ultra eficiente de la
cadena de proveedores.
Dell cree que, bajo el mandato de Rollins, la compañía se burocratizó y empezó a relegar su ventaja competitiva tradicional. Con su regreso, espera volver a infundir el dinamismo de los primeros tiempos y revitalizar el modelo de negocio que lo llevó a la fama.
Sin embargo, sostiene Capelli, no todos los analistas están de acuerdo sobre lo acertado del diagnóstico del fundador. En realidad, Rollins no hizo otra cosa más que profundizar el modelo Dell y seguir insistiendo en las reducciones de costos.
Según el experto de Wharton, no hay nada de malo en el funcionamiento interno del modelo. Pero lo que no queda claro es que pueda seguir siendo la principal ventaja competitiva de la empresa. En otras palabras, ¿lo que funcionaba hace unos años, sigue funcionando ahora?
El ambiente de negocios ya no es el mismo. Otras empresas, inspirándose en el modelo Dell introdujeron sus propias mejoras de supply-chain. Ya no resulta tan obvio que la empresa pueda seguir manteniendo su ventaja en los precios de las computadoras.
En última instancia, advierte Capelli, el regreso del fundador no promete un cambio de estrategia sino sólo un cambio de liderazgo. Por el momento, sólo se trata de un cambio en el nombre del CEO.
Aunque eso, tratándose de Michael Dell, no es poco. Por más que no venga con una nueva estrategia bajo el brazo, el regreso del antiguo líder es un factor que infunde optimismo en la comunidad empresarial.
Habrá que ver si eso es suficiente. Sin embargo, esto poco les importa a los consumidores, que seguirán comprando máquinas Dell siempre y cuando puedan mantener su buena calidad a precios competitivos (sin importar quién sea el CEO).
En definitiva, ¿cambiará algo el regreso de Michael Dell?
El analista de Wharton se muestra escéptico. Según las primeras señales, el retorno del fundador promete más de lo mismo. Habrá que ver si, finalmente, al niño pródigo se le ocurren nuevas ideas para revitalizar su empresa. En caso contrario, muy probablemente, el regreso de Michael Dell sólo será un despliegue de fuegos artificiales que se apagarán cuando lleguen los próximos anuncios de resultados trimestrales.
De la redacción de MATERIABIZ
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