Visitas a comunidades indígenas de Perú, Ecuador y Bolivia... Avistaje de ballenas en México... Excursiones a reservas de tortugas gigantes en las islas Galápagos... Una semana en una comunidad mapuche de la Patagonia... Todo esto forma parte del
"ecoturismo", una novedosa modalidad de viajes que ya mueve unos 77 mil millones de dólares sólo en los Estados Unidos. Según el artículo
Ecotourism May Be Travel's Field Wave of Future de
Stanford Graduate School of Business, es el rubro de mayor crecimiento dentro de la industria turística y abre un inmenso campo de oportunidades para entrepreneurs. Perú, Bolivia y Brasil ya cuentan con una infraestructura organizada. En la Argentina, aún queda mucho por hacer.
¿En qué consiste la nueva modalidad?
La
International Ecotourism Society la define como "el viaje responsable a áreas naturales preservando el medio ambiente y mejorando el bienestar de las comunidades locales". Es un tipo de turismo solidario que, además de grabar experiencias inolvidables en las retinas de los viajeros, contribuye a la conservación del medio ambiente y apoya financieramente a comunidades pobres. La modalidad típica del negocio consiste en una sociedad entre empresarios y comunidades locales que reciben turistas para invertir los ingresos en su desarrollo económico y social. En este sentido, el ecoturismo es un negocio indisolublemente ligado a la Responsabilidad Social Empresaria.
Sin embargo, lo que en un primer momento empezó como una modalidad escogida por aventureros ambientalistas se masificó de tal manera que algunos temen que al final acabe destruyendo aquello que pretendía preservar.
Martha Honey, directora del
Center on Ecotourism and Sustainable Development de Washington advierte que algunos empresarios se arrogan el título de "agentes de ecoturismo" cuando en realidad sus actividades destruyen el medio ambiente y las comunidades.
Según Honey, la clave para montar un negocio exitoso en el largo plazo es otorgar el poder a la
comunidad local, que sean ellos los que decidan. Eso es lo que buscan los ecoturistas. Ellos no quieren un guía que les muestre a la distancia cómo viven las sociedades indígenas que visitan. Ellos desean empaparse en su cultura y vivir, al menos durante unos días, realmente como sus anfitriones.
La ola del
ecoturismo es cada vez más fuerte y, al menos por el momento, nada parece detenerla. Todos pueden salir beneficiados: desde las comunidades locales hasta los empresarios. Como advierte Martha Honey: "Bien realizado, el ecoturismo tiene el potencial de convertirse en una poderosa fuerza de largo plazo para el desarrollo sustentable y la preservación del planeta".
De la redacción de MATERIABIZ
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