Por Francisco Ingouville
Estamos enfrentando una circunstancia nueva. Al Gore la llamó la época de las consecuencias. Algunas ideas largamente aceptadas ya no nos servirán. Y uno empieza a considerar otras que parecen absurdas, como el título de esta nota.
Se ha desencadenado una crisis global sin precedentes para cuyo manejo no podemos encontrar lecciones en la historia. Los ecosistemas que integramos son incapaces de brindarnos sus servicios tradicionales. Y la situación se agrava...
Hasta ahora, las señales eran visibles pero nos acostumbrábamos. ¿No podemos bañarnos en el Río de la Plata? Mala suerte. ¿Se mueren los peces? Qué lástima. ¿Progresa la desertificación? Qué le vamos a hacer. ¿Los pescadores se quedan sin trabajo? Que busquen otro. ¿Sube la temperatura? Mejor, así salimos menos abrigados. ¿Se ensancha el agujero de ozono? Me pongo pantalla.
Sin embargo, llega un momento en que el impacto se torna insoslayable y empezamos a desear soluciones. Bush le dio la espalda al mundo negándose a firmar el protocolo de Kyoto. Pero el huracán Katrina que arrasó con Nueva Orleans se sintió como un bofetazo por años de descuido.
¿Por qué no podemos resolver el problema ambiental?
El principal obstáculo no reside tanto en encontrar las soluciones técnicas sino en ponernos de acuerdo en hacer lo que a todos nos conviene. Tras años de dedicarme a la consultoría y capacitación en construcción de consenso y
negociación (en empresas, gobiernos y ONGs) tengo algunas hipótesis sobre los desafíos que debemos vencer.
1) Democracia cortoplacista
Los períodos de gobierno atentan contra las soluciones que requieren visión y perseverancia de largo plazo. Difícilmente un gobernante invertirá en solucionarles problemas a sus sucesores cuando puede invertir en acciones que le den popularidad inmediata.
2) Empresas orientadas a maximizar resultados
A pesar de los largos discursos sobre Responsabilidad Social Empresaria, los directivos y ejecutivos de las empresas siguen siendo evaluados por sus resultados económicos de corto plazo. Y no se puede servir a dos señores. Por más que lo social sea muy importante los incentivos inmediatos están en la ganancia.
3) ONGs impotentes
Las Organizaciones No Gubernamentales podrían ser la solución para el cortoplacismo político y monetarismo empresarial. Sin embargo, esto exigiría otorgarles mucho más poder del que hoy tienen. Por ejemplo, una legislación que permita pagar parte de los impuestos directamente a ellas (cosa que los gobernantes temen hacer, quizá para no compartir dinero y
poder).
4) Nuestros propios Katrinas
La mayor precipitación de la que se tenga memoria inunda una amplia zona de la Argentina. Decenas de miles de evacuados y tres millones de hectáreas productivas bajo el agua. Podríamos decir una vez más: "mala suerte". Pero los científicos nos están haciendo ver desde hace años que no es un problema de suerte.
Dejemos de lado nuestros sentimientos humanos por un momento y concentrémonos en el efecto económico del desastre. ¿Cuánto dejarán de producir en esa área? ¿Cuánto bajarán las ventas a esa región empobrecida?
La respuesta tradicional: "sin dudas, se trata de pérdidas terribles. Pero yo, como empresario, no puedo evitar las catástrofes naturales". La respuesta que debemos empezar a considerar es: "debo coordinarme con los demás empresarios para solicitar al gobierno que tome medidas contra el deterioro de los ecosistemas".
En los ejercicios de
negociación que hacemos en nuestros cursos, la gente suele preferir espontáneamente ganarle al otro que ganar en términos absolutos o ganar juntos. La competencia nos sale con frecuencia más naturalmente que la colaboración (incluso en juegos de negociación donde se puede ganar mucho más colaborando).
He visto a los pescadores del Mar Argentino destruir su fuente de trabajo por no poder coordinarse para el bien común y cuidar juntos el recurso de forma en que lo pudiesen explotar sustentablemente.
El uso de los recursos naturales tiene consecuencias. Entenderlo y obligarnos a un empleo más racional mediante costos más altos redundará en beneficios para todos. La idea nos resulta difícil de digerir. ¡Costos más altos! Sin embargo, si no nos acostumbramos a la idea, en el futuro tendremos que digerir tragos mucho más amargos.
De chico aprendí en el campo que si no quería que el animal enlazado me topara debía tirar del lazo. El animal, quizá sólo por contradecirme, tiraría para el otro lado y nunca se vendría hacia mí. Los humanos somos bastante animales. Sin embargo, de vez en cuando podemos darnos cuenta de que cambiando de dirección obtenemos mejores resultados. Subiendo el precio de los combustibles que contaminan podremos desalentar su uso y reemplazarlos gradualmente por
energías limpias.
Es cierto, tendremos costos más altos. Sin embargo, podremos venderle a mucha más gente gracias a que no los habrá tapado el agua. Un empresario solo no puede hacer esto, pero puede coordinarse con los otros y consensuar un plan de acción con las autoridades y las ONGs.
En la película La Verdad Incómoda se cita a Upton Sinclair diciendo: "Es difícil que un hombre entienda algo cuando su salario depende de no entenderlo". Mucha de la oposición a las soluciones que los ecosistemas requieren se basa en nuestra necesidad de ganarnos la vida. Pensemos formas en que las soluciones sean equitativamente sostenidas por todos. No busquemos culpables ni le hagamos pagar la cuenta a uno solo.
He tratado de darle a este análisis un enfoque económico pero creo que a nadie escapa que hay otros valores mucho más importantes en juego. Sin embargo, lo económico suele ser el obstáculo a las soluciones. Pero este gran enemigo puede ser vencido a través de la colaboración entre todos por un mundo más limpio y, en última instancia, un mundo sostenible que no desaparezca bajo las aguas.
Francisco Ingouville
Mason Fellow Harvard University, Socio Fundador de Ingouville & Nelson, Consultoría y capacitación (
www.ingouvillenelson.com.ar)
Autor del libro
Relaciones Creativas