Las grandes escuelas de negocios del mundo y consultoras internacionales suelen realizar
encuestas sobre las tendencias de los negocios. Típicamente, los empresarios y ejecutivos consultados sitúan a la biotecnología entre las industrias de mayor potencial.
En este marco, el panel de MATERIA Argentina tuvo un invitado de lujo: Marcelo Argüelles, presidente de Bio Sidus, la joya biotecnológica argentina que factura 40 millones de dólares anuales (de los cuales, tres cuartos provienen de la exportación).
Y, desde luego, en un rubro caracterizado por su altísima dependencia del conocimiento, la discusión giró en torno de las ventajas y restricciones de la economía argentina para el desarrollo de investigaciones biotecnológicas.
En principio, gracias a su abundancia en científicos altamente calificados, la Argentina parece tener todas las oportunidades para convertirse en un actor mundialmente relevante de esta industria de punta. Sin embargo, las restricciones pasan por otro lado.
De hecho, señaló Argüelles, como cualquier industria de fuerte contenido de
I + D, los frutos de las inversiones recién se cosechan en el largo plazo. Por lo tanto, una de las condiciones imprescindibles para el desarrollo del sector radica en la necesidad de estabilidad macroeconómica que permita planificar en horizontes de cinco o diez años.
En gran medida, señaló Argüelles, el incipiente sector biotecnológico nacional necesita un fuerte apoyo del Estado para florecer. El presidente de Sidus destacó la importancia de consolidar un
marco jurídico para la protección de la propiedad intelectual, la oferta de financiamiento de largo plazo y apoyo estatal para la formación de una marca país que diferencie a los productos argentinos en el exterior.
Y, por último, el núcleo del debate giró en torno a las condiciones de generación de lo que más necesita una biotech: materia gris. Y aquí, la discusión se centró en el sistema educativo argentino.
La Argentina cuenta con una importante base científica. Sin embargo, señaló Argüelles, las características estructurales del sistema lo orientan a la generación de investigadores "duros" mientras que lo que necesitan las empresas del sector son técnicos orientados a la investigación aplicada y la producción.
En este sentido, Argüelles llamó a una intensificación de los lazos entre empresas y universidades. Además de científicos que investiguen, el sector necesita técnicos que produzcan. Este es el principal desafío que enfrenta hoy la biotecnología nacional. Superar este escollo, concluyó Argüelles, es una condición esencial para que la Argentina pueda posicionarse junto a los líderes mundiales de esta auténtica industria del conocimiento.
De la redacción de MATERIABIZ
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