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Por Alberto D'Andrea
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Los premios Nobel, un anticipo de los grandes negocios biotecnológicos del futuro
En 2006, los premios Nobel de Química y Medicina estuvieron vinculados con una misma temática: el ARN de interferencia. En 2009, se galardonaron investigaciones relacionadas con los telómeros y la producción proteica en los ribosomas. Estos términos técnicos tal vez no tengan significado para el gran público. Sin embargo, tras ellos se oculta un fabuloso negocio biotecnológico que podría acercar a la humanidad al "elixir de la vida eterna"...

Por Alberto D'Andrea

Alfred B. Nobel integró su creatividad química con una especial habilidad para concebir grandes negocios.

En 1862, con sólo 30 años, fundó una fábrica de nitroglicerina en Estocolmo. Tres años después, otras dos. En 1867, descubrió la dinamita e introdujo una importante cantidad de establecimientos dedicados a esa industria en toda Europa y los Estados Unidos.

Gracias a sus negocios, Nobel acumuló gran riqueza. Al morir dejó una parte de su fortuna para crear el premio que hoy lleva su nombre, un galardón destinado a quienes realicen desarrollos o inventos en beneficio de la humanidad.

Desde entonces, muchos de los temas premiados (fundamentalmente en química, medicina y física) han anunciado importantes emprendimientos económicos, en plazos cada vez más cortos desde la premiación a su consolidación comercial.

Un caso del pasado: el Nobel de 1984 y los anticuerpos monoclonales

Entre 1973 y 1975, César Milstein y George Köhler desarrollaron los denominados "anticuerpos monoclonales", orientados a la detección y curación de numerosas enfermedades. Por este trabajo, ganaron el Premio Nobel en 1984.

En un comienzo, la comunidad científica fue indiferente al tema. No obstante, en 1987, la venta de productos fabricados con esta tecnología ya alcanzaba los 130 millones de dólares. En 1990, superaba los 2.000 millones. En 2007, las ventas de anticuerpos monoclonales treparon a 26.000 millones y probablemente superen los 50.000 millones en el 2013.

Este tipo de anticuerpos, dirigidos mayoritariamente al tratamiento del cáncer y la artritis, constituye hoy más del 25% de todos los productos terapéuticos en desarrollo.

El Nobel de 2006 y el ARNi

Un observador atento habrá notado que, en 2006, los Premios Nobel de Medicina y Química estuvieron orientados a una misma temática: el ARN de interferencia (ARNi).

Es probable que el gran público no comprenda la magnitud de este aporte. No obstante, para los directivos de compañías farmacéuticas se abren las puertas de un importante negocio biotecnológico.

Para comprender el galardón y lo que podría significar en términos de nuevos productos, es necesario introducir algunos conceptos técnicos.

La información contenida en el ADN se transfiere al mARN (mensajero ARN). Fuera del núcleo, la información del mensajero se traduce en la formación de una proteína.

Ahora bien, si somos capaces de identificar la proteína relacionada con determinada enfermedad, podremos diseñar, mediante herramientas biotecnológicas, el ARNi de modo de bloquear la formación de la proteína, silenciando específicamente el producto del gen sin entrar en el genoma. Así, podríamos evitar que la enfermedad llegue a manifestarse en el organismo.

Un novedoso y fabuloso negocio biofarmaceútico.

El Nobel 2009 y el elixir de la juventud eterna

En 2009, el Nobel podría estar anticipando una vez más un fantástico negocio biotecnológico. En el rubro Medicina, se ha galardonado a los descubridores de los telómeros y de la telomerasa.

Si bien esto no dice mucho a una persona sin conocimientos técnicos, aquí podría encontrarse la llave del triunfo en la lucha contra el cáncer y el secreto de la "juventud eterna".

Al final de cada cromosoma existen secuencias de ADN denominadas "telómeros". Cada vez que una célula se divide, pierde una pequeña parte de sus telómeros.

Cuando alcanza el límite de 50 divisiones, el telómero es sólo un minúsculo fragmento. Así, la célula ya no puede dividirse más, alcanza la vejez y entra en declive hasta su muerte.

No obstante, en la naturaleza existen algunas células inmortales: las células cancerosas. Éstas tienen la capacidad de duplicarse incesantemente, generación tras generación, con un número de divisiones prácticamente interminable.

¿Cuál es el secreto de su vida eterna? La telomerasa. Cuando un fragmento del telómero se pierde a causa de una división celular, la telomerasa lo restituye evitando su reducción y, en última instancia, la muerte de la célula.

Y esto abre las puertas a dos líneas de investigación que pueden revolucionar el negocio farmacéutico del futuro.

Por un lado, si luego de cada división celular pudiéramos encontrar la forma de reparar el telómero, estaríamos en presencia de la primera terapia de rejuvenecimiento con base científica de la historia. De hecho, esto es algo que ya se logró en cultivos celulares in vitro.

Por otro lado, si en los procesos cancerígenos pudiéramos anular la producción local de telomerasa, las células cancerígenas dejarían de ser inmortales y se comportarían como las usuales, perdiendo su supremacía a largo plazo.

Y esto es algo que podría lograrse gracias a los aportes de los ganadores del Nobel de 2006, a través de un ARNi específico bloqueante del ARN mensajero productor de telomerasa.

Este proceso ocurre en el ribosoma, una verdadera fábrica de producción de proteínas. No por nada el Premio Nobel de Química 2009 se otorgó concordantemente al estudio detallado a nivel molecular de la producción proteica en los ribosomas.

De esta forma, el tándem de Premios Nobel 2006 y 2009 en Química y en Medicina cierra el circuito del conocimiento necesario para incursionar desde el tratamiento altamente específico de enfermedades como el cáncer hasta para la posibilidad real del rejuvenecimiento celular, proyectándonos a los bionegocios del futuro vinculados con la más anhelada quimera humana: la longevidad.

Alberto D'Andrea
Director de la Licenciatura en Biotecnología de UADE

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