El ADN de nuestro cerebro tiene miles de años. En buena medida, es una herencia de tiempos menos confortables, tiempos en que la supervivencia dependía de nuestro instinto. Al fin y al cabo, cuando
nuestro antepasado se enfrentaba a un lobo, ¿tenía tiempo de analizar la situación para encontrar la mejor solución estratégica?
Esta constitución animal todavía nos acompaña como una herencia de épocas violentas. La parte racional de nuestro cerebro (en definitiva, la que nos distingue del resto de los animales) representa apenas un ínfimo porcentaje en comparación con nuestras pasiones.
Según el artículo
Don't Mess Up de la publicación
Fast Company, esto puede ser terriblemente peligroso para un líder. La interferencia de las pasiones animales en el raciocinio es receta segura para errores en el liderazgo. Veamos algunos casos típicos:
1) Contratar asesores, pero no escucharlos
Muchos directivos gastan fortunas en costosísimas
consultorías. Sin embargo, cuando llega el momento de la decisión, terminan confiando en su
instinto.
Es común que, para confirmar sus sensaciones, los líderes
distorsionen los hechos. El conocimiento científico objetivo jamás podrá convencer a una persona que ya ha tomado la decisión por adelantado.
2) "Yo no me equivoqué. Lo que pasa es que cambió la coyuntura"
¿Cuántos líderes reconocen abiertamente sus errores? Muy pocos. Sin embargo, nuestra instintiva soberbia no es la mejor cualidad a la hora de dirigir equipos.
3) Crear estrategias impracticables
¿Existe un arma más seductora que las promesas sobre el éxito futuro de una brillante estrategia? Tal vez por eso muchos líderes jamás intentan llevarlas a la práctica. Una estrategia jamás confrontada con la realidad nunca desilusionará a los seguidores.
4) Favoritismo
Hacer que algunos trabajadores se sientan más importantes que otros es veneno para la motivación. El resultado: baja productividad.
5) "Si no lo entiendo, no es importante"
Muchas veces existen problemas críticos que el líder no logra comprender. La reacción natural suele ser descartar el problema como si se tratara de un dato menor.
En definitiva, señala el artículo de Fast Company, la tarea del líder consiste, en buena medida, en desprenderse gradualmente de su herencia animal para pensar con la cabeza. El líder debe guiarse por una sencilla máxima: "el instinto no es buen consejero".
De la redacción de MATERIABIZ
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