Por Federico Ast
Cuando la India conquistó su independencia, allá por 1947, su PBI era la mitad del producto del estado de Nueva York. Hoy, a pocos meses de cumplirse el aniversario número 60 del final del dominio británico, el panorama es por completo diferente. La patria de Gandhi se asoció al exclusivo club de las diez potencias económicas del mundo, con un producto de unos 850 mil millones de dólares.
Así empezó la disertación que brindó el embajador indio Pramathesh Rath en la espectacular sala de conferencias del Club Europeo. Ante un auditorio compuesto por empresarios, ejecutivos y consultores, Rath resumió la historia y perspectivas futuras de un país que, en apenas 60 años, emergió de la insignificancia económica para convertirse en uno de los terrenos de juego de la globalización contemporánea.
Según Rath, el milagro comenzó con la liberalización económica de los '80. Desde aquellos días, la India fue desarticulando su Estado intervencionista para abrazar las doctrinas del libre mercado (aunque no a ultranza).
La profundización de la desregulación económica y financiera de los '90 convirtió a la India en un paraíso para las corporaciones globales sedientas de reducciones de costos. Así, de la mano del
offshoring de servicios, llegaron a la India billonarias inversiones occidentales.
De esta forma, desde hace algunos años, la India viene creciendo a la impresionante tasa del 10 por ciento anual en medio de un fantástico boom exportador. Durante el 2006, la India vendió al mundo la friolera de 32 mil millones de dólares en servicios de IT.
Hoy, la patria de Gandhi es la casa matriz de algunas corporaciones de primer nivel global. Quizá la más famosa sea Tata, un holding ultra diversificado con intereses en el acero, los
automóviles, la construcción y los servicios de consultoría de
IT. El conglomerado Tata, con sus 250 mil empleados, facturó casi 22 mil millones de dólares en el 2005.
Infosys es la otra gran corporación india. Esta compañía de IT tiene un valor de mercado de 30 mil millones de dólares y 67 mil trabajadores a lo largo y ancho del mundo.
Así, la India se ha convertido en un actor económico de primer nivel mundial. Y la Argentina es un socio comercial de relativo peso. El comercio bilateral asciende a los 1.200 millones de dólares anuales.
La India coloca químicos orgánicos, autopartes y textiles en la plaza doméstica mientras que se ha convertido en un interesante destino para nuestro
modelo soja-exportador. De hecho, tres cuartos de los ingresos por ventas argentinas a la India provienen de la exportación de aceite de soja.
Sin embargo, advirtió el embajador, el dinamismo comercial bilateral no se refleja en el terreno de las inversiones directas. De los 16 mil millones que las empresas indias invirtieron en el extranjero durante el 2006, muy poco llegó a las pampas.
Los empresarios indios son reacios a invertir en la Argentina debido a su falta de familiaridad con el ambiente de negocios. Es cierto, han existido algunas inversiones en agroquímica, real estate y IT. Pero son apuestas menores, que rara vez superan los diez millones de dólares.
Cuando los inversores indios ponen el ojo en el lejano sur, sienten mayor atracción por Brasil (que seduce con el portentoso tamaño de su mercado) y
Chile (por la mayor apertura de su economía). La Argentina sólo viene en tercer lugar entre las preferencias de los inversores.
En definitiva, si bien se ha avanzado bastante, todavía queda muchísimo por hacer en las relaciones económicas indo-argentinas. Quizá sea hora de echar un vistazo. La India tiene mucho crecimiento por delante. Y puede ser terreno para algunos negocios interesantes...
Federico Ast
Editor de MATERIABIZ