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América Latina crece al cinco por ciento. ¿Nos vamos para arriba?
Las economías latinoamericanas crecen a todo vapor. Sin embargo, no todas son luces en el horizonte. Hay varias cuestiones que mejorar para que el actual crecimiento no quede en promesas...

Las últimas tres décadas no han sido precisamente las más felices de la historia de América Latina. Dictaduras militares, crisis de la deuda, mega devaluaciones, reformas neoliberales y defaults estuvieron en la agenda de muchas naciones del subcontinente. Sin embargo, algo parece estar cambiando.

De hecho, según una investigación de Roberto Fantoni para la consultora McKinsey, América Latina enfrenta las mejores perspectivas de los últimos 50 años. De la mano de robustos precios de las materias primas agrícolas, energéticas y mineras, el subcontinente atraviesa su cuarto año consecutivo de expansión.

Durante el 2006, el crecimiento alcanzó el cinco por ciento. Quizá no sea China o India, pero es una cifra muy respetable si tenemos en cuenta que, entre 1980 y 2003, la expansión promedio apenas alcanzó un mediocre dos por ciento.

Pero eso no es todo. El gran problema de la deuda también parece estar desvaneciéndose. Entre 1987 y 2004, la deuda externa latinoamericana se desplomó del 42 al 25 por ciento del PBI. La deuda pública, que llegaba al 73 por ciento del PBI en 1993, en el 2006 ya había caído al 43 por ciento.

Así, el horizonte parece despejado para las economías del subcontinente. Aunque, desde luego, esto tampoco significa que todo marche bien en el mejor de los mundos.

América Latina sigue ostentando el triste récord de ser la región con la peor distribución del ingreso de la Tierra. El 10 por ciento más rico se lleva el 48 por ciento de la torta mientras que el 10 por ciento más pobre, apenas el 1,6 por ciento. A efectos de comparación, Estados Unidos (que tampoco es el reino de la equidad) exhibe cifras del 30 y 2 por ciento respectivamente.

En concreto, esto significa que en el subcontinente habitan unos 209 millones de pobres, aproximadamente un 40 por ciento de la población total. Así, la reducción de la miseria sigue siendo el gran desafío de las sociedades latinoamericanas.

¿El auge económico actual permitirá resolver el problema?

En este aspecto, señala la investigación de McKinsey, el escenario no parece demasiado prometedor. El crecimiento actual se explica, en gran medida, por un contexto internacional extraordinariamente favorable. Sin embargo, los precios de las materias primas no seguirán por siempre en las nubes. A la larga, un combate eficaz contra la pobreza exige un replanteo del tipo de inserción internacional.

La primera asignatura pendiente es la educación. En la economía del conocimiento, las materias primas brutas son más commodities que nunca. En este escenario, se vuelve cada vez más improbable una senda de crecimiento sostenido sobre la exportación agrícola, energética o minera. Las mejores perspectivas de crecimiento están en el agregado de valor a los productos tradicionales.

Para lograrlo, se necesita una importante base de capital humano. Se han dado algunos pasos en la buena dirección. En los últimos años, América Latina extendió la formación de sus ciudadanos. En la Argentina, por ejemplo, un niño de cinco años puede esperar tener la misma cantidad de años de educación formal que uno de Japón.

Ahora, el desafío es la calidad. Según un informe de la OECD, en un estudio internacional, los estudiantes latinoamericanos exhibieron los peores resultados. Por lo tanto, introducir mejoras en la calidad educativa debería ser una prioridad en la agenda de todos los gobiernos del subcontinente.

Por último, señala el informe de McKinsey, también queda un largo camino por recorrer en el desarrollo de un marco propicio para la inversión (el famoso clima de negocios). América Latina todavía se caracteriza por sus regulaciones excesivas, su rigidez laboral y la corrupción.

Si usted quiere fundar un negocio en Brasil, ármese de paciencia para los 152 días de trámites burocráticos que le esperan (el triple que el promedio global). Obtener los permisos legales para construir un depósito le llevará nada menos que 460 días.

En los Estados Unidos, por el contrario, estos mismos trámites insumen cinco y 69 días respectivamente. De hecho, según un informe del Banco Mundial, Irán ofrece un ambiente más "business-friendly" que Brasil.

En definitiva, no todas son luces en el horizonte. Por un lado, es cierto, América Latina puede exhibir con orgullo sólidos índices de crecimiento. Sin embargo, de seguir por la misma senda, ya conocemos el final. La euforia termina en lamentos cuando los precios de los commodities se desinflan.

Por lo tanto, concluye el estudio de McKinsey, en vez de rasgarse las vestiduras (y buscar excusas) cuando cambie el panorama, los dirigentes latinoamericanos deberían aprovechar el contexto favorable para insertar a los distintos países en la economía del conocimiento.

De la redacción de MATERIABIZ
redaccion@materiabiz.com

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