Por Rafael Pampillón
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¿Puede la globalización detener la fuga de cerebros?
La fuga de cerebros hacia naciones avanzadas es un de los males endémicos de los países pobres. Sin embargo, algunos fenómenos vinculados a la globalización, como el teletrabajo y la deslocalización, podrían detener la tendencia...

Por Rafael Pampillón Olmedo

La fuga de cerebros, es decir, la emigración de trabajadores cualificados, perjudica a la mayoría de los países del mundo y beneficia casi exclusivamente a Estados Unidos.

Europa, por ejemplo, exporta más cerebros de los que importa. Más de 400.000 científicos nacidos en Europa residen en los Estados Unidos, lo que supone el 40 por ciento del stock de investigadores que trabajan en dicho país. De los miles de europeos que realizan cada año su doctorado en Estados Unidos, el 70 por ciento opta por quedarse en territorio estadounidense.

En el Tercer Mundo, el problema es mucho más grave ya que la fuga de cerebros supone un grave obstáculo a la utilización de la tecnología para la expansión de la economía de esos países y la mejora de su nivel de vida.

Si analizamos los 50 países más pobres del planeta, comprobamos que alrededor de un millón de personas capacitadas viven y trabajan en los países desarrollados, lo que representa un éxodo intelectual del 15 por ciento teniendo en cuenta que, en esos países más pobres, unos 6,6 millones de personas tienen formación superior.

La situación es mucho más extrema en Haití, Cabo Verde, Samoa, Gambia y Somalia. En los últimos años, estos países han perdido a más del 50 por ciento de sus profesionales con formación universitaria, migrados a países industrializados en busca de mejores condiciones de trabajo y de vida.

Los países asiáticos están situados en un arco que comprende desde el 5 por ciento de India o China, al 15 por ciento de Corea del Sur, con Filipinas en el centro (10 por ciento). Irán tiene un 25 por ciento de sus graduados en el extranjero.

Corea del Sur, que en los años '80 consiguió traer de vuelta a casa a dos tercios de los científicos doctorados en Estados Unidos, tiene ahora miles de graduados desempleados que tramitan su visa para regresar a Norteamérica.

Lo mismo está ocurriendo con los informáticos de la India. Por miles se cuentan también los venezolanos altamente cualificados que huyen de su país por la situación política, y encuentran ubicación en Italia y España. El 70 por ciento de los peruanos que terminan su doctorado en los Estados Unidos intentan quedarse a trabajar allí.

Son ejemplos del éxodo de cerebros que, al no regresar, desangran a sus países de origen. En países pequeños de América, como Jamaica o Haití, más del 40 por ciento de la mano de obra cualificada está trabajando afuera. En cambio, un país como Brasil tiene un índice de sólo el 5 por ciento.

En este contexto, los gobiernos de los países pobres deben procurar retener a sus profesionales cualificados ofreciéndoles mejores posibilidades de empleo y de carrera. También deben incentivar la vuelta de los emigrantes a fin de que contribuyan al crecimiento económico y a la mejora de los conocimientos en estos países.

En este sentido los gobiernos deben aprovechar el fenómeno de la globalización que hace que los científicos y expertos más capacitados adquieran una mayor movilidad virtual y necesiten, por tanto, menor movilidad física.

Efectivamente, ya no es imprescindible que el cerebro se marche a otro país para conseguir un trabajo mejor remunerado. Con el teletrabajo, se puede trabajar para los Estados Unidos o para un país de la Unión Europea desde casa.

Gracias a Internet, miles de informáticos rusos trabajan a distancia para multinacionales. Ocho millones de personas están creando y manteniendo software en la India, lo que supone 8.000 millones de dólares anuales en exportaciones indias con clientes en todas las partes del Mundo. Pero para poder trabajar a distancia se impone que los gobiernos generen infraestructura de telecomunicaciones.

A la vez, el fenómeno de la "deslocalización" hace que muchas multinacionales se instalen en los países en desarrollo, lo que crea más oportunidades para los "cerebros locales".

Los gobiernos de esos países deben saber que favorecer la inversión extranjera es otra forma de atraer a los cerebros que se han ido y retener a los cerebros que todavía están.

Las migraciones de los científicos del Tercer Mundo hacia países desarrollados puede tener graves consecuencias. El trabajo de esos profesionales cualificados es un requisito previo para la modernización de las estructuras de producción y mejora de la salud y educación en esos países.

Rafael Pampillón Olmedo

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