Allá por los '90, Terry Garnett era vicepresidente de Oracle y el hombre de confianza del todopoderoso fundador-CEO,
Larry Ellison. Un buen día, Ellison lo
despidió sin motivo aparente.
Garnett juró venganza. Y, de seguir así, probablemente la tenga. Hoy, es el CEO de Ingres, una compañía de software basada en el modelo
open source que está conquistando parte del mercado de bases de datos de Oracle.
Pero eso no es todo. De hecho, Garnett se tomó su despido muy a pecho y, cada vez que puede, intenta infligir el máximo daño posible a la compañía de su archi enemigo. Garnett construyó su equipo a través del sistemático robo de trabajadores a Ellison. De los 250 empleados de Ingres, 50 son ex Oracle.
Otro caso...
Joseph Galli era un ascendente presidente de división del fabricante de herramientas, Black & Decker. A los 41 años, creyó que había llegado su momento de trepar a la cúspide. Sin embargo, arriba tenía al histórico CEO Nolan Archibald.
Galli hizo lo imposible por forzar la renuncia del número uno. Al no lograrlo, decidió abrirse. Era tal la furia acumulada contra Archibald que Galli enfocó su carrera profesional en cumplir con un único objetivo: vengarse.
Así, al poco tiempo se convirtió en Chief Operations Officer de
Amazon. Los cálculos estratégicos sugerían que el siguiente movimiento debía ser la incorporación de juguetes al catálogo online. Pero Galli insistió en incorporar herramientas para competir contra Black & Decker. Fracasó. Pero se fue a otra empresa donde nuevamente intentó disputar el liderazgo a Archibald. Cuatro años después tuvo que renunciar por malos resultados. Hoy, sigue recorriendo empresas con el objetivo de desplazar a Black & Decker del mercado de las herramientas.
¿Qué tienen en común estos dos ejemplos?
Según el artículo
Sweet Revenge de
BusinessWeek, ambos revelan un aspecto central de la
toma de decisiones que rara vez se estudia en las escuelas de negocios: el placer de la venganza.
Pregúntele a un CEO cuál es su motivación. Seguramente, la respuesta será "el éxito", "la realización personal" o incluso "el dinero". Probablemente, ninguno le conteste "la venganza". Sin embargo, advierte el psicólogo y coach ejecutivo Kenneth Siegel, muchos altos directivos obtienen su principal motivación del deseo de revancha contra aquellos que creyeron que no llegaría a la cumbre.
Ernst Fehr, economista de la universidad de Zurich, dedicó años al estudio de la forma en que nuestro cerebro reacciona ante las emociones vinculadas con la venganza. A través de una serie de experimentos de laboratorio, concluyó que la parte de nuestro cerebro asociada con la satisfacción se activa cuando sentimos que estamos concretando una venganza que creemos justa. Es decir, la venganza es biológicamente dulce.
Así, la investigación de BusinessWeek nos brinda un marco científico para explicar comportamientos comunes en las corporaciones. Aquellos viejos rencores que, después de años, siguen afectando los procesos de toma de decisiones, empañando los fríos cálculos de costo-beneficio.
En definitiva, como señaló
Shakespeare a lo largo de su extensa obra, no seríamos humanos si no fuéramos afectados por el deseo de venganza. Sin embargo, ceder a él puede ser una trampa mortal a la hora de tomar decisiones de negocios.
De la redacción de MATERIABIZ
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