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El Gran Hermano corporativo, ¿tiene un empleado derecho a una vida privada?
Muchas empresas monitorean cada email de sus empleados. Otras, los exhortan a comportarse de determinada manera incluso fuera de la empresa. ¿Cuáles son los límites entre vida privada y laboral?

La próxima vez que, estando en la oficina, piense enviar un email con información personal piénselo dos veces. Quizá el Big Brother de su empresa esté vigilando cada email, cada website visitado y la cantidad de ancho de banda que consume cada uno de los miembros de la organización.

Desde luego, la posición oficial de la compañía alega que el monitoreo sólo apunta a asegurarse de que los empleados dediquen sus horas a tareas productivas en lugar de perder tiempo con el Messenger o visitando páginas pornográficas.

Sin embargo, la cuestión es muy espinosa. A lo largo de esta vigilancia permanente, muchas empresas recogen información muy personal sobre cada uno de sus empleados hasta el punto de ser capaces de construir un perfil bastante exacto sobre las opiniones, ideas políticas, religiosas y gustos personales de cada uno.

Ahora bien, ¿hasta qué punto tiene derecho la empresa a recoger (y utilizar) información privada sobre sus empleados? ¿Hasta qué punto tiene derecho a avanzar sobre sus vidas?

Desde luego, la respuesta estándar es: "Mientras el empleado rinda en la oficina, a la empresa no tiene por qué importarle lo que hace en su tiempo libre".

Sin embargo, en la práctica, la situación no es tan sencilla. Incluso, algunas empresas incluyen, en su código de ética, algún artículo exhortando a sus empleados a comportarse, tanto en su vida privada como profesional, de acuerdo con altos estándares morales para que la imagen de la compañía no se vea comprometida.

Y, en estos tiempos en que la cultura organizacional se vuelve una clave de las ventajas competitivas, algunos creen que lo que haga cada empleado en su tiempo libre no es totalmente irrelevante para la empresa.

Aparentemente, la situación se vuelve más compleja a medida que aumenta el nivel de responsabilidad. Lord Browne, CEO de British Petroleum, renunció en mayo de 2007 después de que la prensa inglesa revelara que había mantenido una relación con otro hombre durante cuatro años. Así, pareciera que, a medida que se avanza en la pirámide organizacional, el ejecutivo debería convertirse en un modelo de conducta.

No es un tema donde se haya alcanzado un consenso definitivo. Muchas compañías creen tener derecho a exigir a sus trabajadores el cumplimiento de ciertas conductas en su vida privada. Otras, creen tener derecho a supervisar todas sus actividades.

Así, ¿cuáles son los derechos de los trabajadores? ¿Hasta dónde tiene derecho la empresa a avanzar sobre sus vidas privadas? ¿Usted qué piensa?

De la redacción de MATERIABIZ
redaccion@materiabiz.com

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