En algunos países, los contratistas públicos no tienen la mejor
reputación. Cuando las licitaciones no son transparentes, los contribuyentes terminan financiando la construcción de rutas de asfalto a precio de oro.
Pero, más allá de los problemas regulatorios y de transparencia institucional, existen grandes oportunidades de negocios legítimos en infraestructura para el gobierno.
De hecho, entre 2006 y 2007, los 20 principales fondos de inversión globales del rubro recaudaron nada menos que 100 mil millones de dólares.
Según una
investigación de
McKinsey, el mercado mundial de la infraestructura atraviesa una etapa crucial con dos tendencias fundamentales.
1) Nuevos mercados en países emergentes
Históricamente, las grandes obras de infraestructura se realizaron en naciones avanzadas.
Sin embargo, las oportunidades de construir autopistas o redes ferroviarias se están agotando en Europa y los Estados Unidos.
Con muchas empresas pujando por un mismo contrato, los retornos se derrumban velozmente.
Así, cobra vital importancia la búsqueda de nuevos mercados. Y se estima que los países emergentes invertirán nada menos que un billón de dólares en infraestructura a lo largo de los próximos diez años.
Allí radican las oportunidades del futuro.
2) Aumento de la eficiencia de las operaciones
La saturación de los mercados de los países desarrollados tiene un segundo efecto: la reducción de los márgenes obliga a los contratistas a enfocarse en la eficiencia operativa.
Con mejores procesos, una empresa puede ofrecer precios más bajos y aumentar sus probabilidades de ganar licitaciones en un mercado cada vez más competitivo.
En muchos casos, advierten los investigadores de McKinsey, la eficiencia puede fomentarse con sencillas medidas: rediseños en los planos de rutas, mejoras en la coordinación de los sistemas de mantenimiento y otros detalles
logísticos.
Algunas organizaciones, por su parte, han decidido
descentralizar la toma de decisiones para ganar flexibilidad.
Otra buena alternativa para incrementar los márgenes radica en la reforma del sistema de proveedores, comprando, cuando sea posible, a pequeñas empresas en lugar de grandes corporaciones.
En definitiva, el negocio de la infraestructura vive épocas de tranformación. Las empresas del rubro reciben millonarias inyecciones de capital pero enfrentan una mayor competencia en los mercados avanzados.
Así, para los ejecutivos del rubro, esta
imperdible investigación de McKinsey aconseja buscar oportunidades en naciones emergentes y ganancias de productividad a través de reingenierías de operaciones.
De la redacción de MATERIABIZ
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